Fiat

Búsqueda

Ediciones Anteriores

Banner
Banner
Fiat Mater Unitatis

 

 

Un sitio de:





7. Orar PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Card. Fco. Xavier Nguyen Van Thuan   
Viernes 17 de Septiembre de 2010 09:34

AddThis Social Bookmark Button

 La oración es el fundamento de la vida espiritual. Al orar te unes a Dios, te comunicas con El. El foco no se enciende si no está unido al generador eléctrico.

LA ORACIÓN ES MI PROFESIÓN.

118. A los ojos de Dios la acción sin oración es inútil. ¡De hecho, las máquinas dan mejor rendimiento que tú!

119. En primer lugar está la oración; enseguida el sacrificio; después hay que actuar.

120. La oración es el fundamento de la vida espiritual. Al orar te unes a Dios, te comunicas con El. El foco no se enciende si no está unido al generador eléctrico.

121. ¿Crees en el poder de la oración? Medita esta palabra del Señor:

“En verdad os digo, pedid y recibiréis, buscad y. hallaréis, tocad y se os abrirá” (Lc 11,9). ¿Conoces alguna compañía de seguros que ofrezca tales garantías?

122. El alimento secreto de la vida cristiana es la oración. No le creas a quien no ora, aunque haga milagros.

123. Debes orar siempre y en todo lugar. Jesús nos lo ha dicho: “Orad sin desfallecer”.

124. “Cuando están dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos”. Esta palabra de Jesús se realiza especialmente en esas numerosas comunidades de oración que a miles de kilómetros del sacerdote, continúan con perseverancia reuniéndose en medio de peligros y en el aislamiento.

125. Te desconciertan todas esas personas que han perdido su vocación y su fe, que han traicionado a la Iglesia. Entre todos los motivos que se pueden encontrar para explicar su deserción hay siempre uno que es decisivo: habían dejado de orar desde hacía mucho tiempo.

126. No desdeñes la oración. A los apóstoles que pedían: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1), Jesús les respondió: “Cuando oréis, decid: “Padre nuestro que estás en los cielos... “(Mt 6,9). El es el que nos enseña a orar.

127. El Señor nos ha enseñado una oración para ayudarnos. Pero lo esencial es el encuentro del Padre con su hijo y el diálogo que se establece entre ellos. “Cuando vayas a orar, no te preocupes por lo que has de decir. Entra en tu aposento, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”. Poco importa la forma de tu oración, lo que interesa es ese intercambio afectivo entre un Padre y su hijo.

128. Las oraciones de la liturgia son las más agradables al Señor, porque son palabras de la Sagrada Escritura y al mismo tiempo la oración de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo. Para orar utiliza el misal, los salmos, tu libro de oraciones.

129. “En primer lugar la oración... “Te lo he dicho hace poco, y tiene su fundamento Jesús dijo “María ha elegido la mejor parte” (Lc 10,42). Ella estaba sentada a sus pies, escuchando sus palabras y amándolo. Así es como ella poseía todo, su Cuerpo, su Palabra y su Oración.

130. Tú buscas amigos para consolarte, para aliviar tu soledad. ¿Por qué no vas a Aquél que nunca te traicionará y que podrá acompañarte sin cesar donde quiera que vayas?

131. Un santo qué no ora no es un santo auténtico. Espera un poco, con paciencia y no tardará en desenmascararse.

132. Si quieres conocer la influencia apostólica de alguien, míralo orar.

133 Mientras no seas un hombre de oración, nadie creerá que tu trabajas solo para el Señor.

134 ¿Por que esta la Iglesia en crisis? Porque se desprecia la oración.

135. ¿Qué decir de la eficacia de la oración, si sostiene el fervor de los apóstoles y de la Virgen en el Cenáculo, el abandono de Jesús en el Huerto de los Olivos, el ánimo de Moisés que oraba con los brazos en cruz en la montaña, ‘ la seguridad del perdón que tenía el Buen Ladrón?

136. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El Cuerpo de Dios, la Palabra de Dios, la oración de Dios Sin esto no hay vida en el Espíritu.

137. La oración es una buena señal en alguien que aún no ha abrazado la fe. Comenzar a orar es comenzar a creer.

138 El espíritu de oración es como una hoguera ardiente que abrasara tu alma de apóstol. Si quieres mantener ese brasero, ponle gruesos leños: el sacrificio, el recogimiento; pero también leños pequeños: oraciones cortas, sacrificios humildes...

139. Aunque tus labios no se abran, el Señor conoce el fondo de tu corazón. Mira a esa mujer que sufría hemorragias; le bastó tocar la franja de la túnica de Jesús para que su petición fuera acogida.

140. Por tu pecado no te atreves a presentarte ante Dios. Las palabras de la Iglesia deberían darte seguridad. “Por nuestro Señor Jesucristo...” Toda la Pasión de Cristo, los méritos de la Virgen y de los santos, ¿no serán suficientes para hacer llegar tu oración?

141. ¿Te imaginas que los niños no pueden hacer nada todavía por la Iglesia y que los enfermos ya son incapaces? ¡Desengáñate! Después de la oración oficial de la Iglesia, la suya es la más agradable a Dios. ¡Hay que decírselo!

142. La hora de la oración es la hora de las confidencias con el Señor, nuestro Padre. Es la hora en que habla el corazón. Deja los razonamientos. No. pongas tu cabeza entre las manos para construir un discurso.

143. Muchas parroquias que no han tenido sacerdote durante decenas de años han mantenido sólida la fe gracias a la oración en familia.

144. Tu oración debe ser universal. Tu corazón debe contener a todo el mundo. Pero no te olvides de la realidad que te rodea.

145. Los libros de espiritualidad han guiado a numerosas personas a la santidad. Es el combustible que alimenta la flama de la hoguera de la oración.

146. En su cartilla de identidad, en el renglón “profesión”, las almas consagradas debieran escribir: “oración”. Las demás ocupaciones las practica el mundo. Los hombres te exigen que seas en medio de ellos el representante de esta profesión. Nunca oirás que te pidan: “! Ora por nosotros!”

147. No fue por pereza por lo que María permaneció a los pies del Señor. El Evangelio no canoniza a los perezosos. María eligió la parte mejor: ella escucha a su Señor, deja que su palabra impregne hasta el fondo de su corazón, que la sacuda y trabaje en ella y con ella. ¿Qué acción podría igualar este cambio y esta transformación de todo el ser?