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17. La Pobreza PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Card. Fco. Xavier Nguyen Van Thuan   
Viernes 17 de Septiembre de 2010 09:14

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El hombre que tiene pocas necesidades es feliz; se contenta con lo que tiene. Las exigencias hacen infeliz al hombre. Y esta insatisfacción no deja de crecer.

EL SEÑOR ES TU HERENCIA

¿QUÉ MÁS DESEAS?

407. Si no quieres dejarte sepultar bajo las riquezas, pisotéalas. Serán tu pedestal.

408. “Pobre en tu vivienda, pobre en tus vestidos, pobre en tu alimentación, pobre en los objetos que utilizas, pobre en tu trabajo”. (Padre Chevrier)

409. El hombre que tiene pocas necesidades es feliz; se contenta con lo que tiene. Las exigencias hacen infeliz al hombre. Y esta insatisfacción no deja de crecer.

410. ¿Sueñas en todo lo que te falta? ¡Eres el más infeliz de los hombres! Mira a tus hermanos y verás a muchos más infelices que tú.

411. Aún desprovisto de todo, si continúas deseando la riqueza, no eres aún verdaderamente pobre. Por el contrario, aún cuando poseyeras bienes podrás tener un ‘alma de pobre’ si no te apegas a ellos.

412. No seas generoso con el dinero de los demás, no seas avaro con el tuyo y al gastar ten en cuenta lo que pertenece a todos.

413. Menosprecio, dificultad, sufrimiento y desamparo acompañan a la pobreza. Si verdaderamente has adoptado la pobreza de espíritu, aceptarás con ella todas sus consecuencias sociales.

414. Se necesita generosidad para utilizar la fortuna, sutileza para estimarla, heroísmo para apartarse de ella. En efecto, no te pertenece. Le pertenece a los pobres que el Señor te ha confiado.

415. En silencio deja a otros el lugar más cómodo, el puesto mejor remunerado. Esto será un signo de pobreza auténtica.

416. Eres el administrador de Dios. Te encargarás de muchos bienes si te confía muchos, o de pocos si esa es su voluntad. Aceptarás que te los retire. Pero siempre tendrás que darle cuentas.

417. Un pobre celoso, peleonero y enojón no es un pobre según el evangelio.

418. FI mundo no puede notar ni tu obediencia ni tu castidad; pero rápidamente reconoce a los verdaderos testigos de la pobreza.

419. “Señor, concédeme ser pobre como tú”. ¿No es ésta la oración inversa a la que acostumbras hacer?

420. “La Iglesia de los pobres”... no para perpetuar la pobreza de los hombres, sino al contrario, para esforzarse en elevar su nivel de vida en todos los aspectos.

421. Poseer como si no se poseyera, vender como si no se vendiera. No tener nada y ser dueño de todo, no exigir nada sino estar dispuesto para todo, tal es la verdadera pobreza.

422. La pobreza no es la ausencia de bienes, ésta es miseria e indigencia. Ante todo, la pobreza es el justo uso de los bienes. Una taza de café, un vaso de cerveza.., es quizá una gota de sudor, una lágrima, sangre derramada... Una bocanada de humo de cigarrillo representa quizá el soplo jadeante de un trabajador anónimo.

423. La primera pobreza es el trabajo. Si le das sentido encontrarás un consuelo a las fatigas causadas por las tareas diarias. En el evangelio, Jesús mencionó esta bienaventuranza: “Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre trabajando.” (cf. Lc 12,43)

424. Cuando a los quince años Santa Clara se presentó al monasterio, San Francisco le preguntó: “Qué vienes a buscar aquí?” - “A Dios”, le respondió Clara. La respuesta fue breve, pero muy expresiva. Ese era su único tesoro. Llegó a ser santa. Pocas personas han sabido llevar a término esta elección.