Fiat

Búsqueda

Ediciones Anteriores

Banner
Banner
Fiat Mater Unitatis

 

 

Un sitio de:





11. En la Presencia de Dios PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Card. Fco. Xavier Nguyen Van Thuan   
Viernes 17 de Septiembre de 2010 09:25

AddThis Social Bookmark Button

Pon tu mano sobre tu pecho y di para ti: “El Señor está conmigo; está en mí”. Poco a poco podrás gustar la felicidad de su presencia.

EN LA PRESENCIA DE DIOS, MÁS SOLEDAD.

230. Pon tu mano sobre tu pecho y di para ti: “El Señor está conmigo; está en mí”. Poco a poco podrás gustar la felicidad de su presencia.

231. “Adónde está Dios?” “!El Señor está en el cielo!”. Así responden los niños y ésta es una de ¡as deficiencias de nuestra catequesis. “Dios está en mí” es una respuesta más exacta: ¡qué felicidad, qué intimidad!

232. Los miles de enfermos que estaban en la casa de San Cottolengo tenían en su rostro una expresión muy especial: de tiempo en tiempo, un altavoz anunciaba: “Estamos ante el Señor”

233. Cuando suenan las campanas o cuando veas el campanario de una iglesia, recuérdate: “El Señor está en el sagrario, cerca de mí: y yo ardo en deseos de volverme hacia El para adorarlo y amarlo”.

234. La presencia del Señor no tiene nada de abstracto. Es tu Padre, está cerca de ti, con todo SU poder y todo su amor. Te suplica, te aconseja, te reprende, te perdona, sin jamás dejar de amarte.

235. Jesús es tu todo: el objeto de tus deseos, el motivo de tus decisiones. El es quien da impulso a tu afectividad. Se ofrece como ejemplo de todas tus actividades.

236. La presencia de nuestros amigos cerca de nosotros es atractiva y entusiasmante. La presencia de una madre aporta ternura y calor; la de un huésped ilustre nos produce orgullo y confianza; suscita nuestro agradecimiento. Pero todo esto está alejado de lo que nos da la presencia de Dios, más que miles de veces el cielo de la tierra.

237. ¿Cómo pueden los cristianos quejarse de soledad? ¿Dónde se ¡es ha ido el Señor?

238. ¿Acaso no tienen un profundo significado, capaz de transformar la vida, el saludo del ángel: “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo...”, y el saludo de la Iglesia: “el Señor esté con ustedes?”

239. Ante Dios te basta con tu conciencia; pero para el mundo, que no penetra los secretos del corazón, debes también probar tu habilidad.

240. Recurre a la Virgen María para, que te lleve a Jesús. Con ella te acostumbrarás a vivir cerca de El.

241. Que la presencia del Señor sea para ti más que una impresión. Tiene que apoderarse de todo tu ser, y guiarte en el amor y en el consuelo.

242. En la presencia de Dios te harás santo. ¿Qué cosa es el paraíso sino la presencia de Dios?

243. El Señor te concederá su presencia de más buena gana y con tanto más gozo, cuanto más hayas adquirido el hábito de conversar con María, la madre amada del Señor Jesús.

244. La Trinidad está en ti: eres el templo de Dios; eres la víctima inmolada, la alabanza que no cesa de subir a Dios, la flor que se abre y es ofrecida al Señor.

245. ¿Para qué construir iglesias de piedra o de madera, si olvida restaurar el templo de tu alma?

246. Sea lo que sea tu casa, un palacio suntuoso o una cabaña, hazla digna de amor. Entonces se convertirá en un paraíso: en el vivirá el Señor.