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10. La Foraleza del Alma PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Card. Fco. Xavier Nguyen Van Thuan   
Viernes 17 de Septiembre de 2010 09:26

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 Seriedad y firmeza: tu comportamiento exterior debe ser el reflejo de tu alma; de su paz y del dominio de sí misma, y no de caprichos infantiles.

UNA PASIÓN: EL EVANGELIO

UN IDEAL: LA VIDA DE JESUS.

195. Con la vida, el Señor te ha dado también la libertad. Es ésta la que dará a tu existencia santidad, belleza y utilidad. O, por el contrario, la destruirá, la hará estéril e infiel. También podrá hacerla dañina y vil.

196. El egoísta rehúye la responsabilidad, la fatiga y el sacrificio. Quisiera fabricar el bienestar, edificar su propio paraíso en la tierra. Está en camino de perder su eternidad.

197. Para el hombre generoso, el prójimo es un hermano y sus tareas son las suyas propias. El egoísta utiliza a los demás como escalerilla que le permita subir. No tiene más tareas ni más bienes que los suyos.

198. Utilizar a las masas para la promoción personal no es propio del carácter del verdadero líder. Serás un verdadero responsable si no te sustraes ante las multitudes. Buscarás su contacto; comprometerás tu vida por su salvación.

199. No confundas la vileza con la habilidad. Porque “los hijos de la luz” cultivan este tipo de ‘habilidad’, “los hijos de las tinieblas” han conquistado posiciones que, de otra manera, jamás hubieran soñado.

200. El hombre fuerte jamás está satisfecho de sí mismo. La suficiencia es una cortina que te separará de Dios, de los hermanos y de todas las cosas; ya no tendrás necesidad de nadie.

201. La firmeza tiene por aliado al espíritu de sacrificio, como el azúcar la sal que aceptan disolverse para que los alimentos adquieran sabor. ¡Y no se jactan de ello!

202. El hombre recto practica la rectitud. No se abaja a hurgar en la vida de los demás. No usa de artimañas.

203. La fortaleza de alma no se dispersa en el activismo. No intervengas en los asuntos de todos. El azúcar y la sal no están destinados a, impregnar la totalidad de los alimentos existentes. Conoce tus límites.

204. La fortaleza de alma conoce la virtud del silencio. La locuacidad, con la irreflexión y la provocación a la discordia, siempre han sido las armas del demonio en su lucha contra la caridad,

205. El hombre fuerte no siente curiosidad por los asuntos de los demás. Guarda toda su energía para profundizar en el conocimiento de sí mismo.

206. El espíritu de crítica constituye un grande obstáculo para tu vida espiritual. Tus quejas y tu visión negativa de otros solo tendrán el efecto de perturbarlos y hacer crecer tu amargura.

207. Nunca dejes que tus fracasos, tus pruebas y tus sufrimientos amarguen tus propósitos y te arrastren a la crítica de otros.

208. “Deja caer”. Esta es una expresión que pertenece al vocabulario de los cobardes, de los no aptos para el combate, de los “vencidos de antemano.”

209. No cultives una modestia propia de otros tiempos. Es necesaria la ambición. Es necesario querer: querer conocer, querer hacer, aceptar riesgos, pero por Dios y por la Iglesia.

210. Apártate de las riñas. Te cegarían. La pasión es como la niebla: pone un velo ante la claridad de la sabiduría divina.

211. Es normal chocar con los otros. Sólo en el paraíso encontraras una sociedad sin conflictos. Los choques pulen la piedra, le dan redondez, limpieza y belleza.

212. No te dejes contaminar por la frivolidad y la ligereza. Son enfermedades que debilitarán la fuerza de tu alma. Se manifiestan en el continuo cambio de opiniones y de actividades. ¡Que tu vida no sea un cementerio de proyectos abortados!

213. Las personas superficiales son sólo marionetas que se agitan Sin resultado ni utilidad. Hoy tienes que ponerte a realizar tu proyecto. No lo dejes para mañana.

214. El Señor no te creó para ser una oveja del rebaño, sino para guiar a los que te rodean, es decir, para despertarlos y cuidarlos,

215. Todas las cosas pequeñas son igualmente importantes. Dominándote a ti mismo, sin descanso, en las cosas pequeñas, te forjarás una voluntad de hierro y serás dueño de ti mismo.

216. ¡Di lo que es necesario decir! ¡Pero con buen modo! La dulzura de la caridad hará simpática y atractiva tu propuesta. No hay más que una cosa que decir, pero hay dos maneras de expresarse que proceden de dos diferentes disposiciones de espíritu. Los resultados también serán diferentes.

217. Cuando el otro no tiene razón, evita los reproches violentos. Espera con paciencia. Las propuestas conciliadoras y toda tu buena voluntad alcanzarán mejores resultados que las discusiones continuas. Y para ti, eso será una victoria sobre ti mismo; habrás triunfado sobre tus emociones.

218. Sé decidido: lo que debes hacer hazlo sin dudar y sin miedo... con audacia y esperanza... con el Señor y con valor...

219. Ante el obstáculo, yérguete y afírmate como los gigantes de antes. Si tienes que limitar provisionalmente tus actividades ¡qué importa! Ante todo tu obra es más del Señor que tuya.

220. El tiempo y la energía pertenecen a Dios. ¿Por qué malgastarlos contra los obstáculos que se encuentran en el camino? Las olas no dejan de agitar el océano: pero el barco se desliza imperturbable... no las toma en cuenta.

221. ¡Mantén la calma! ¿Por qué tanto desquiciamiento, por qué dejarte arrastrar? Desagradas al Señor, exasperas a los que te rodean y tú sufres durante horas... y todo inútilmente porque vas a lamentarlo durante las horas siguientes.

222. No digas: “Así soy... ¿Cómo puedo cambiarme?” No eres tú, son tus defectos. Tienes que hacerte hombre, hijo de Dios. Esos defectos no son dignos de ti.

223. Da la espalda a los pusilánimes que te susurran al oído: “¿Para qué sufrir?”. -“iApártate de mí, Satanás!” (Mt 16,23).. Así increpó el Señor a Pedro.

224. Ejercítate en rehusar. Hay que saber decir “no”.

225. No cultives el patrioterismo; abre tu corazón para que todos encuentren en él un lugar. Si no, serás católico sólo de nombre.

226. ¡Que la fe y la caridad iluminen tu vida!... El fuego que el Señor encenderá en ti abrasará al mundo.

227. Que tus pensamientos, tus palabras y tus obras provoquen al mundo y lo hagan decir: “Este hombre no tiene, más que una pasión: el EVANGELIO, un ideal: LA VIDA DE JESUS”.

228. Seriedad y firmeza: tu comportamiento exterior debe ser el reflejo de tu alma; de su paz y del dominio de sí misma, y no de caprichos infantiles.

229. Cuando el padre de Santa Bernardita, la llevó al convento, recomendó: “No fuercen a mi hija a comer queso, moriría”. Y durante siete años Bernardita luchó en el comedor: “Comeré o no comeré queso?”. Después comió. Y se hizo santa.