5. La Vida Interior Imprimir
Escrito por Card. Fco. Xavier Nguyen Van Thuan   
Viernes 17 de Septiembre de 2010 09:37

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¿Quién tiene que aspirar a la santidad? Todos sin excepción, comenzando por ti; el llamado del Señor es para todos.

LA CONTEMPLACIÓN SE CONCRETA EN LA ACCIÓN.

80. La paz se obtiene por la victoria; la victoria por la lucha. Si quieres la paz del alma, combate sin tregua.

81. Tus armas: la meditación, el sacrificio, los sacramentos, el rosario, el retiro.,. Tus aliados: la Virgen María, San José, los ángeles, tu santo patrono y tu padre espiritual. Tu victoria está asegurada a menos que, poco a poco, depongas las armas y te alejes de tus aliados.

82. Sube a un edificio alto y mira arremolinarse la ola de gente que pasa. Es la feria de la trifulca: disputas, empujones, carreras desenfrenadas, fiebre y precipitación. La danza es conducida por el amor, el dinero, la ambición y la lucha por la vida.

Tu fe no será viva, ni tu alma llegará a ser candente sino cuando te confundas con la obra de Dios, sin preocuparte de tu vida ni de tu muerte.

83. Si cada año hubieras cultivado una virtud, si cada día la hubieras perfeccionado un poco más, estarías muy cerca de la perfección.

84. El aventurero de los mares que se sumerge hasta el fondo de los océanos y el astronauta que navega en su nave espacial, se lanzan a la aventura a nombre de la ciencia. El día en que abandones todas las cosas y en el que cada minuto te encuentre dispuesto a darte al Señor, ese día tu vida interior será digna de crédito.

85. Tú quieres abarcar el universo mediante el contagio de tu amor, convertir los cinco continentes. Entonces todos tus instantes deben llegar a ser chispas producidas por el cumplimiento de tu deber, de tu obediencia y de tu paciencia. Ellas inflamarán e iluminarán el mundo.

86. El silencio exterior, pero sobre todo el silencio interior constituyen la atmósfera de la vida espiritual.

87. Para hacerse santo no es necesaria una gran inteligencia; bastan’ la gracia de Dios y tu voluntad. ¡Hay pocos santos! Es más fácil llegar, por los estudios, a ser un genio, que llegar a la santidad por un cambio total de la vida.

88. Tú sirves al Señor con pasión: está bien. Pero sólo agradarás al Señor si a tu fervor le unes tu renovación.

89. Los hombres tienen miedo del silencio. En él perciben su vacío y su soledad. Los hombres interiores lo aman, porque en la intimidad de la vida trinitaria de Dios descubren, con El, un nuevo universo de belleza, un universo que el mundo no puede conocer.

90. Debes aprender a distinguir entre Dios y sus obras. Si Dios te lo pide, tú abandonarás sus obras entre sus manos, para elegirlo sólo a El.

91. Te preguntas: “¿Cuándo voy a comenzar mi vida interior?” Comienza hoy mismo. Y cada día volverás a comenzar.

92. ¿Quién tiene que aspirar a la santidad? Todos sin excepción, comenzando por ti; el llamado del Señor es para todos.

93. En esta vida no hay nada más precioso que la gracia de la santidad. Es el alba del paraíso desde aquí abajo, en tu corazón.

94. El brillo y la hermosura del diamante se formaron durante miles de años en el seno de la tierra, en el corazón mismo de la roca. ¿Podrás tú también, llegar así a tu madurez interior?

95. Recorre el mundo entero gritando para que todos te oigan: “Uno ha muerto por ti”.

96. En la pantalla las llamas crepitan y siembran terror; pero es un fuego ficticio, no viene de ningún fogón que arda,

97. El amor de Dios no puede ser sino absoluto. “Nadie puede servir a dos señores” ¿Cuánto amor le tienes a tu Señor?

98. Aparta cada día unos minutos de silencio que ayuden a tu vida Interior. ¿Cuántos minutos de tu vida le has consagrado?

99. Se habla de “Crisis de fe” y de “crisis de autoridad”. Yo creo que se trata de crisis de santidad: en realidad el Señor nos pasa por la criba: “¿Dónde están los santos, dónde los demonios?”

100. No comprendes por qué San Ignacio oraba: “Señor, concédeme conocerte y conocerme”. Por la misma razón que Jesús dijo:

“Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes y ¿todavía no me conoces?” Si en verdad “conocieras”, tu vida habría cambiado.

101. El cristiano que no deja de recitar oraciones y asiste a muchas misas sin, por ello, vivir su fe, se parece a una persona que cuando se le pregunta por su salud responde: “yo como seis veces al día”. Es poco probable que esta abundancia de alimento contribuya a su bienestar físico.

 
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