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| El propósito de Dios para el hombre |
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| Escrito por www.contempladores.com.ar |
| Jueves 01 de Julio de 2010 11:34 |
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Para aquellos cristianos que dirigen a Dios la pregunta ¿cuál es el propósito de Dios para crearme?, Dios les responde, y no solamente a los creyentes, sino a todos los hombres de buena voluntad, a través de la Revelación, a través de su Palabra, de la Biblia. Hay dos aspectos fundamentales que Dios nos aclara en su Revelación: ¿Por qué nos crea? y ¿Para qué nos crea?La respuesta a ¿Por qué nos crea? es una sola: Dios nos crea por amor, porque, como nos enseña San Juan "Dios es amor" (5). Desde la época de los filósofos griegos se conoce que el constituyente central del hombre, el "ser", debe salir de sí mismo para relacionarse con el mundo que lo rodea, para dar y recibir. El hombre es esencialmente un ser de relación, y cuando no sale de sí mismo es porque está enfermo, como ocurre con los autistas, catatónicos y en los que sufren otro tipo de enfermedades similares. El ser más imperfecto, más necesitado, sale de sí mismo para buscar lo que le falta, mientras que el más perfecto también sale, pero en general no lo hace para recibir, sino para comunicar, para participar a otros seres de su propia riqueza interior. A este acto de salir de sí mismo se lo llama "amor". El niño que tiende sus bracitos a su madre buscando en ella todo lo que necesita, como alimentación, protección, seguridad, consuelo, abrigo, posee un amor todavía precario, imperfecto, esencialmente de búsqueda, al que los griegos llamaban "eros", y Santo Tomás de Aquino lo denomina "amor de concupiscencia". En cambio, la madre frente a ese hijo, está abierta a su necesidad, y sale de sí misma para darle de lo que ella tiene y de lo que su criatura carece y necesita. Es un amor desinteresado, que no está buscando nada para sí mismo, sino que tiene por objetivo el bien de su hijo. A este amor más perfecto se lo llama "ágape", o "amor de benevolencia". Así se entiende que cuanto más perfección posea un ser, tanto más saldrá de sí mismo en una entrega, en un don al que lo necesita. Como Dios es la plenitud de la perfección, cuando sale de sí mismo, sólo puede dar, ser "ágape", ya que no puede pedir nada porque todo lo tiene. Dios es, sin duda, infinitamente feliz en sí mismo, y para nada necesita de los hombres, sus criaturas, que no pueden aumentarle esa dicha íntima. Pero como Dios es Amor, "Agape" pleno, quiere comunicar su propia vida a otras criaturas, los hombres. Este es el sentido profundo del ¿por qué? de la creación toda y, en particular, de la creación de cada hombre: Dios, en su amor y bondad, quiere comunicar sus infinitas perfecciones, y lo primero que nos da a cada uno por amor es nuestro ser, nos crea a cada uno de los hombres para que existamos, para que salgamos de esa nada absoluta en que estábamos. La segunda pregunta, ¿para qué nos crea Dios?, implica la revelación del propósito de Dios, del plan que tiene para cada uno, de aquello que San Pablo llama "el misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas... misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora, revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu." (6) Los términos "Misterio" y "Plan", según el uso de San Pablo, son prácticamente sinónimos. El Apóstol prefiere la expresión "misterio" porque, como la mayor parte de los designios de la revelación de Dios, también este plan no deja de ser algo incomprensible para la razón humana del hombre, sin la luz sobrenatural de la fe. En la misma carta a los Efesios, San Pablo revela este misterio escondido: "Bendito sea Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado." (7) Así podemos decir que el propósito eterno de Dios, su voluntad desde siempre, el "para qué" nos ha creado a cada uno, es porque quiere tener una familia de hijos semejantes a su Hijo, es decir, nos adopta y quiere ser un Padre para nosotros, en el más amplio sentido de la palabra, haciéndonos compartir su propia vida. Este plan se consumará para cada hombre que lo acepte, y durará por toda la eternidad, cuando estemos en su misma presencia, santos y sin mancha alguna de pecado que pueda afearnos. De aquí surge con especial claridad el fin último del cristiano: la vida cristiana plena tiene como finalidad el poder llegar a compartir, junto a Dios, su misma vida, lo que llevará a cada bienaventurado a la felicidad suprema que se expresará en una alabanza eterna a la gloria de Dios. Este es entonces el fin para el que fue creado cada hombre y, ya sea que lo conozca o no, que lo crea o no lo crea, que lo tenga en cuenta en su vida o no, ninguna persona puede escaparse de él, ni puede evadir el hecho de que haya sido creada con este propósito, y que el tiempo de su vida, mucho o poco, está destinado a cumplir con este fin. Es en función de esto que, cuando uno se va asomando a la realidad misteriosa del propósito de Dios, queda en evidencia el desvío total de buena parte de la humanidad en cuanto a este fin, dominada por las ideas conocidas como "secularismo" y "materialismo", que llevan a referir solamente el sentido de la existencia humana a lo que se puede realizar en el transcurso de la vida en esta tierra, perdiendo de vista, o directamente ignorando, que el tránsito efímero por este mundo es sólo un tiempo de preparación y elección para la vida verdadera y plena que Dios nos quiere regalar para toda la eternidad. Dicho así simplemente, todo esto es inabarcable para la mente humana; pensar qué significa vivir una vida semejante a la de Dios, compartir su presencia, y esto, para toda la eternidad, son conceptos que escapan a nuestro entendimiento. Por eso será necesario avanzar de a poco, para ver con más detalle las reales implicancias de este asombroso gesto de amor de nuestro Dios Creador. Referencias al Capítulo 1: (4): Catecismo de la Iglesia Católica 1992, N° 282. (5): 1 Juan 4,8 (6): Efesios 3,5-9 (7): Efesios 1,3-6 Fuente: http://www.contempladores.com.ar/index.php?file_name=3-2-1.php&h=2 |
| Última actualización el Jueves 01 de Julio de 2010 12:50 |






Para aquellos cristianos que dirigen a Dios la pregunta ¿cuál es el propósito de Dios para crearme?, Dios les responde, y no solamente a los creyentes, sino a todos los hombres de buena voluntad, a través de la Revelación, a través de su Palabra, de la Biblia. Hay dos aspectos fundamentales que Dios nos aclara en su Revelación: ¿Por qué nos crea? y ¿Para qué nos crea?