Como podemos concer si obramos con desconfianza en nosotros mismos y confianza en Dios. PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Lorenzo Scupoli   
Martes 02 de Febrero de 2010 16:12

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Muchas veces las almas que creen ser lo que no son, se imaginan que ya  consiguieron la desconfianza en sí mismas y la suficiente confianza en Dios. Del capítulo 4 del libro El Combate Espiritual de Lorenzo Scupoli.

Pero es un  error y un engaño que no se conoce bien sino cuando se cae en algún pecado, pues  entonces el alma se inquieta, se desanima, se aflige y pierde la esperanza de poder  progresar en la virtud; y todo esto es señal de que no puso su confianza en Dios sino en  sí misma, y si su desesperación y su tristeza son muy grandes, esto es un argumento  claro de que confiaba mucho en sí y poco en Dios.

Diferencia: quien desconfía mucho de sí mismo, de su debilidad e inclinación al  mal y pone toda su confianza en Dios, cuando comete alguna falta no se desanima, ni se  inquieta demasiado ni se desespera, porque conoce que sus faltas son un efecto natural  de su debilidad y del poco cuidado que ha tenido en aumentar su confianza en Dios;  antes bien, con esta amarga experiencia aprende a desconfiar más de sus propias fuerzas  y a confiar con mayor humildad en la bondad de Nuestro Señor, aborreciendo con toda  su alma las faltas cometidas y las pasiones desordenadas que llevan a cometer esos  errores; pero su dolor y su arrepentimiento son suaves pacíficos, humildes, llenos de  confianza en que la misericordia divina le tendrá compasión y le perdonará; y vuelve  otra vez a sus prácticas de piedad y se propone enfrentarse a los enemigos de su  salvación con mayor ánimo y más fuerza y sacrificio que antes.

Una causa engañosa. En esto es importante que piensen y consideren algunas  personas espirituales que cuando caen en alguna falta se afligen y se desaniman con  exceso, y muchas veces, quieren más librarse de la inquietud y pena que su pecado les  proporciona, que por recuperar otra vez la plena amistad con Dios; y si buscan  rápidamente al confesor no es tanto por tener contento a Nuestro Señor, sino por  recuperar la paz y tranquilidad de su espíritu (por eso cierto confesor a una religiosa que  le decía que había gritado esa tarde a su superiora, le dijo: “Por hoy no se confiese  todavía. Aguarde a que pasen tres días y cuando le haya pedido excusas a su superiora  venga a pedir el perdón por medio de su confesor”. Así evitaba aquel sacerdote que esa  alma buscara sólo obtener su propia paz y tranquilidad, en vez de buscar primero hacer  la paz y amistad con Dios y con la persona ofendida).

Preguntas muy importantes: Cada cual debe preguntarse de vez en cuando:  ¿cuál es la causa de la tristeza que siento por haber pecado? ¿el haber disgustado al buen  Dios? ¿El haber hecho daño a los demás? ¿El haber afeado horriblemente mi alma que  está sendo observada por Dios y sus ángeles? ¿El haber perdido un grado de brillo y de  gloria para la eternidad? ¿El haberme acarreado un castigo más para el día en que el  Justo Juez pague a cada uno según sus obras y según su conducta? O simplemente lo  que me entristece ¿es que mi amor propio y mi orgullo quedaron heridos? ¿o que mi  apariencia de santidad quedó disminuida? Importante preguntarse esto muchas veces.

Última actualización el Martes 02 de Febrero de 2010 17:42
 

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