La confianza en Dios. PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Lorenzo Scupoli   
Martes 02 de Febrero de 2010 16:04

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Es absolutamente necesario que tengamos una gran confianza en  Dios, que es el autor de todo lo bueno que nos sucede, y del único del cual podemos  esperar las victorias en el campo espiritual. Del capítulo 3 del libro El Combate Espiritual de Lorenzo Scupoli.

Aunque la desconfianza en nosotros mismos es tan importante y tan necesaria  en este combate, sin embargo si lo único que tenemos es esa desconfianza, seguramente  vamos a ser desarmados y derrotados por los enemigos espirituales. Es absolutamente necesario que tengamos una gran confianza en  Dios, que es el autor de todo lo bueno que nos sucede, y del único del cual podemos  esperar las victorias en el campo espiritual. Porque así como por nosotros mismos lo  que vamos a conseguir sean frecuentes faltas y peligrosas caídas - lo cual nos debe  llevar a vivir siempre desconfiando de nuestras solas fuerzas- así también podemos estar  seguros que de la ayuda de Dios y de su gran bondad podemos esperar victoria contra  los enemigos de nuestra salvación, progreso en la virtud, y crecimiento en perfección, si  desconfiando de la propia debilidad y de las malas inclinaciones que tenemos y  confiando grandemente en el poder divino y en el deseo que Nuestro Señor tiene de  ayudarnos, le rogamos con todo el corazón que venga a socorrernos.

Los medios para conseguir la confianza en dios.

Cuatro son los medios para lograr progresar en la confianza en Dios.  El primero: pedirla muchas veces y con humildad, en nuestra oración. Jesús  prometió “Todo el que pide recibe. Mi padre dará el buen espíritu a quien se lo pida”  (Luc. 11,11)

El segundo medio es: pensar en el gran poder de Dios y en su infinita  bondad, que lo mueve a conceder siempre mucho más de lo que se le suplica. Recordar  lo que el ángel le dijo a la Virgen María “ninguna cosa es imposible para Dios”  (´´Luc. 1,38).

Es muy provechoso pensar de vez en cuando que Dios por su inmensa bondad y  por el exceso de amor con que nos ama, está siempre dispuesto y pronto a darnos cada  hora y a cada instante todo lo que necesitemos para la vida espiritual y para conseguir la  victoria contra el egoísmo y las malas inclinaciones, si le pedimos con filial confianza.  El salmo 145 dice: “Dios satisface los buenos deseos de sus fieles.

Algo que conviene recordar.

Para aumentar la confianza en nuestro Seño, pensemos que por 33 años ha  vivido en esta tierra en medio de sacrificios y sufrimientos, para lograr salvar nuestra  alma. Recordemos que cada uno de nosotros somos la oveja extraviada que por sus  imprudencias se alejó del rebaño del Señor, y Él nos ha venido llamando noche y día  para que volvamos a ser del grupo de los que lo van a acompañar en el cielo para  siempre. Sudor, sangre lágrimas ha tenido que derramar por obtener que volvamos a ser  del número de sus ovejas fieles. Si por una oveja que se extravió se arriesgó a ir tan  lejos a buscarla, ¿cuánto más nos ayudará a quienes lo buscamos y clamamos e  imploramos su ayuda? Cuando escucha que la oveja brama desde el precipicio donde ha  caído, temerosa de los aullidos de los lobos que ya se escuchan a lo lejos, el buen  Pastor corre a protegerla y defenderla. Y no la humilla, ni la golpea, ni le echa en cara  su imprudencia, sino que cariñosamente la lleva sobre sus hombros hasta donde está el  grupo de las ovejas que han permanecido fieles. Consideremos que nuestra alma está  representada en esa pobre oveja, a la cual Jesús que se interesa inmensamente por  salvarla de los peligros del mundo, del demonio y de la carne, trata cada día de llevarla  a la santidad.

La moneda perdida..narraba Jesús el caso de aquella mujer a la cual se le  perdió una moneda de plata, lo que e equivalía al mercado de un día para la familia, y  ella se dedica a barrer la casa y a sacudir esteras y muebles hasta que logra encontrarla,  y muy contenta invita a las vecinas a que la feliciten por la gran alegría que siente al  haber recuperado la moneda perdida. Y Jesús en ese hermoso capítulo 15 del Evangelio  de San Lucas en el cual narra estas parábolas, nos habla de que en el cielo, Dios y sus  ángeles sienten gran alegría por un alma que estaba ya perdida y que vuelve a  recuperarse para el Reino de Dios. También Dios siente la alegría de encontrar lo que se  ha perdido. Y cada uno de nosotros puede proporcionarle esa alegría al retornar otra vez  de nuestra vida de pecado a la vida de gracia y santidad. Y el más interesado en que esto  suceda es nuestro Divino Salvador.

Estoy a la puerta y llamo. En el libro de Apocalipsis dice Jesús: “He aquí que  estoy a la puerta y llamo. Si alguien me abre la puerta de su alma, entraré y  cenaremos juntos” (Apoc. 3,21). Con esto demuestra Nuestro Señor el gran deseo que  Él tiene de vivir en nuestra alma, ñy dialogar con nosotros y reglarnos sus dones y  gracias. Y si viene con tan buena voluntad, ¿no nos concederá los favores que  deseamos?.

El tercer remedio para conseguir una gran confianza en Dios es repasar de  vez en cuando lo que dice la Sagrada Escritura acerca de lo importante que es confiar en  Nuestro Señor. Por ej. El Salmo 2 dice: “Dichosos serán los que confían en Dios”. Y  el Salmo 19 afirma: “Unos confían en sus bienes de fortuna. Otros en sus armas  defensivas. Nosotros en cambio confiamos en Dios e imploramos su ayuda, y mientras  los otros caen derribados, nosotros logramos permanecer en pie”. Y el salmista añade  después: “Señor: porque confío en Ti, por eso no seré confundido eternamente”  (Salm 24). Los que confían en Dios no serán rechazados por Él (Sal. 33). Quien  confía en Dios verá que ËL actuará en su favor. Soy viejo y nunca he visto que  alguien haya confiado en Dios haya fracasado (sal. 36). Quienes confían en el Señor  son como el Monte Sión, no serán conmovidos ni derribados por los ataques ni las  contrariedades (Sal. 124). Quien confía en Dios será bendecido, prosperará y será  feliz” (prov. 28).

77 veces dice la Sagrada Escritura que para quienes ponen su confianza en Dios  vendrán bendiciones, felicidad, paz, progreso y bendición. Si lo dice 77 veces es que  esto es demasiado importante para que se nos vaya a olvidar.  Por eso el profeta exclamó: “¿Sabes a quienes prefiere el Señor? A los que  confían en su misericordia”. Jamás alguna persona ha confiado en Dios y ha sido  abandonada por Él” (Ecl. 2,11).

El cuarto y último remedio para que logremos al mismo tiempo adquirir  confianza en Dios, es que cuando nos proponeos hacer alguna obra buena o conseguir  una virtud o cualidad fijemos nuestra atención primero en la propia miseria y debilidad,  y luego en el enorme poder de Dios y en el deseo infinito que tiene de ayudarnos y así  equilibremos el temor que nos viene de nuestra incapacidad y de la inclinación hacia el  mal, con la seguridad que nos inspira la ayuda poderosísima que el buen Dios nos  quiere enviar, y nos determinaremos a obrar y combatir valientemente. “Yo, más mis  fuerzas y capacidades igual a nada, nada. Pero yo, mis fuerzas, mis capacidades, más la  ayuda de Dios, igual = éxitos incontables. “no es que por nosotros mismos podamos  nada, dice San Pablo: Toda nuestra suficiencia viene de Dios”. La autosuficiencia  orgullosa lleva al fracaso. La humilde confianza en Nuestro Señor consigue éxitos  formidables.

Las tres fuerzas: Con la desconfianza en nosotros mismos y la confianza en  Dios, unidas a una constante oración seremos capaces de hacer obras grandes y de  conseguir victorias maravillosas. Hagamos el ensayo y veremos efectos inesperados.  Pero si no desconfiamos de nuestra miseria ay no ponemos toda la confianza en  la ayuda de Dios, y si descuidamos la oración, terminaremos en tristes derrotas  espirituales. Cuanto mas confiemos en Dios, más favores suyos recibiremos.  Recordemos siempre lo que el Señor le dijo a una gran santa: “No olvides que Yo  tengo poder y bondad para darte mucho más de lo que tú puedes atreverte a pedir  o a desear”. Es lo que San Pablo había enseñado ya hace tantos siglos. (Ef. 3,20).
Última actualización el Martes 02 de Febrero de 2010 17:38
 

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