Fenómenos Místicos PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Antonio Royo Marín   
Lunes 02 de Noviembre de 2009 09:53

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Los fenómenos sobrenaturales son aquellos que trascienden el estado u orden natural, lo que va más allá de las leyes naturales. Para la teología cristiana, la causa sólo puede ser divina, aunque existe la posibilidad de que la propia naturaleza o una realidad contrapuesta a la divina (demoníaca) puedan imitar algunos de estos fenómenos, confundiéndolos. En la siguiente clasificación, se tendrán en cuenta según la naturaleza del fenómeno.

Fenómenos de orden cognoscitivo

Dentro de estos tiene lugar varios fenómenos. Las visiones, referidas estrictamente al sentido de la vista, son percepciones de objetos mediante los ojos corporales, y las hay de tres tipos: externas o corporales, imaginarias e intelectuales. Las locuciones son fórmulas que enuncian afirmaciones o deseos; y normalmente se dividen también en auriculares, imaginarias e intelectuales. Las revelaciones son las manifestaciones sobrenaturales de una verdad oculta o un secreto divino hecho por Dios para el bien general de la Iglesia o para la utilidad de quien la recibe. La revelación pública es universal y la contiene, según la Iglesia, las Sagradas Escrituras, especialmente la Palabra hecha carne. Por otra parte están las revelaciones privadas, nombre asignado por la Iglesia a aquellas que reciben personas elegidas y que se fundamentan en la verdad de las Sagradas Escrituras.  Por discernimiento de los espíritus se entiende el conocimiento sobrenatural de los secretos del corazón comunicados por Dios a sus siervos y la ierognosis es el conocimiento de lo que es sagrado manifestado en el poder o facultad que tuvieron algunos santos para reconocer las cosas santas y distinguirlas de las profanas.

Fenómenos de orden corporal

Los fenómenos místicos de orden corporal se reflejan principalmente sobre el organismo, en cualquiera de sus funciones vitales o en diferentes aspectos de su actividad y manifestaciones exteriores. Entre los principales se encuentran los estigmas, consistentes en la aparición espontánea de llagas sanguinolentas en manos, pies, costado izquierdo, en la cabeza o en la espalda. Pueden ser visibles o invisibles. Debido a su carácter polémico, muchos han tratado de dar una explicación racionalista al fenómeno atribuyéndolo al fanatismo.

El sudor de sangre consiste en la expulsión, en cantidad considerable, de líquido sanguinolento a través de los poros de la piel, particularmente los de la cara. Las lágrimas de sangre son una efusión sanguinolenta a través de la mucosa de los ojos.

La bilocación es uno de los fenómenos más sorprendentes de la mística y uno de los más difíciles de explicar y de creer. Consiste en la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares diversos. Las levitaciones consisten en la elevación espontánea del suelo y en el mantenimiento del cuerpo humano sin ningún apoyo y sin causa natural visible. Por regla, le levitación mística se verifica mientras el paciente está en éxtasis y, si el cuerpo se eleva un poco, se llama éxtasis ascensional; si se eleva a gran altura, recibe el nombre de vuelo extático; y si comienza a andar velozmente a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática.

También se da el llamado perfume sobrenatural (osmogenesia) consistente en un cierto perfume de exquisita suavidad y fragancia que emana del cuerpo mortal de los santos o del sepulcro donde reposan sus restos.

Fenómenos de orden afectivo

Se consideran tales, prevalentemente, dos tipos: los éxtasis místicos y los incendios de amor. Algunos estudiosos[1] llaman a este tercer tipo de fenómenos psico-fisiológicos, pues tienen, en buena medida, su raíz principal en la voluntad; de ahí que algunos autores los clasifiquen entre los fenómenos de orden orgánico.

Los éxtasis místicos no son gracias gratis dadas por Dios. Entran en el desarrollo normal de los grados de oración mística y constituyen un fenómeno normal en el desarrollo de la vida cristiana. Pero como su aspecto exterior es espectacular, presenta ciertas semejanzas con los fenómenos de tipo extraordinario que se han mencionado. Los incendios de amor, por su parte, son un hecho comprobado en la vida de algunos santos en los que el amor hacia Dios se manifiesta algunas veces hacia el exterior bajo la forma de fuego que quema, incluso materialmente, la carne y la ropa cercana al corazón. Esta manifestación se produce en grados diversos: simple calor intenso, ardores fuertemente intensos y la quemadura material

Bibliografía
- Teología de la Perfección Cristiana, Ediciónes San Pedro 1997
Última actualización el Lunes 02 de Noviembre de 2009 15:45
 

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